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    Los cuatro asesinos del amor propio

    Quizás tú dirás “ya viene la doctora Tania otra vez a hablar del amor propio“. Sí, sí vengo. Y lo seguiré haciendo por el resto de mi vida. Porque es justamente el amor propio el tema de mi carta de presentación, el himno que entono a diario, y pues, por eso es que hoy te hablaré acerca de los cuatro asesinos que lo destruyen… Para que te cuides de ellos y no les des entrada en tu vida.

    Ahora, como decía Chaplin… “El amor propio está compuesto por descubrimientos”. ¡Y es así!, pues muchas veces no sabemos cómo comenzar a amarnos a nosotros mismos hasta que no hemos recibido, por ejemplo, una profunda herida (emocionalmente hablando).

    Y, previo a eso, lo habitual es que te autosabotees y maltrates tu “yo” interior, dándole la “bienvenida” a tu rutina a los cuatro asesinos del amor propios. Esos hábitos que merman cualquier capacidad que puedas tener para quererte y darte valor.

    ¿Cuáles son esos cuatro asesinos?

    Darle importancia al “¿qué dirán?”

    Lo que piensen los demás de ti, es su problema, no el tuyo. Ya te lo he dicho… Sin embargo, las personas caen en el error de mirar hacia la dirección que les indican los demás.

    Por tal razón, procura conectar con las percepciones que tengas y dale valor, primero que nada, a lo que tú pienses.

    Victimizarte

    Cuando atraviesas por situaciones difíciles, tiendes a sentir lástima de ti mismo. Esto hace que te resignes y que pienses que no puedes hacer nada para reparar lo sucedido.

    Por el contrario, si dejas de lamentarte y comienzas a buscar soluciones, cabe la posibilidad de que encuentres una oportunidad de hacerle frente a lo que se avecina.

    Exigirte mucho más de la cuenta

    Cuando te quieres muy poco, sueles ver la vida a través de las lupas de los modelos ideales. Por lo cual, si no eres el más guapo, la más delgada y el más exitoso, entonces siempre creerás que eres un(a) fracasado(a). 

    Descalificarte

    Hablarte mal a ti mismo es otra forma contundente de autodestruirte. Por ello, lo aconsejable es perdonarte a ti mismo y aceptarte tal y como eres.

    ¡No te quedes atrapado(a)! Permítete mirar tu reflejo de otra manera y avanza.

    Recuerda… Hay un amor que es para toda la vida: ¡El que te tienes!