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    Si voltean a vernos, que sea por la luz que irradiamos

    Creo que no te has dado cuenta de lo mucho que iluminas cualquier lugar. Tampoco te has dado cuenta de cuanto inspiras a la gente por el solo hecho de ser tú.

    Literalmente, llegaste y ¡lo cambiaste todo!

    Eres magia, y aún no te has dado cuenta… Por esa razón, hoy escribo este blog, porque quiero que sepas que primero debemos lograr que las personas volteen a vernos por la luz que irradiamos, antes que por nuestro aspecto físico.

    ¿Cómo podemos lograrlo?

    Primero, debo decirte que no es para nada simple, es un trabajo de granito en granito, de aprender a quererte con esa mancha en la piel, con esas canas, con esos rollitos, etc.

    Entonces, una vez logrado el primer objetivo, detente a pensar: ¿A quiénes impactamos con nuestra presencia y forma de ser?

    Yo, por ejemplo, tengo a unos pequeños en casa a quienes debo servir de inspiración… Y todo eso junto, representará la combinación perfecta para que reforcemos nuestro valor.

    Recuerda que eres luz y que hay alguien que te mira y te sigue como ejemplo…

    ¡Inspira!

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    ¡Lo que hablo con mi espejo!

    Una de las tantas cosas que me digo cuando me miro al espejo cada mañana, es…

    Que no debo complacer a nadie más que a mí misma.
    Que soy suficiente con lo que soy y como estoy.
    Que si soy feliz y me amo y me quiero, podré enseñarles a mis hijos y a mis pacientes, a que también se quieran y se amen…

    ¿Y por qué hago esto?

    Porque muchas veces nos preocupamos más por quedar bien con el resto del mundo y menos por sentirnos bien con nosotros mismos. Y el deber ser es estar bien con nosotros y ser nuestra prioridad para luego poder “atender”, por llamarlo de alguna manera, al mundo.

    Porque si me siento bien con lo que soy, como estoy y donde estoy, ¡ya con eso es suficiente!, pues mi principal preocupación debería ser yo y mi entorno.

    Por último, porque deseo ser un ejemplo para mi familia y para todas esas personas que a dirario atiendo, ya que uno de los aspectos en los que está súper puesto mi enfoque, es en el amor propio.

    Así que entiendan algo, todos(as) los(as) que me leen… Ustedes son su proyecto más importante, y si ustedes no están bien, sus familiares tampoco estarán bien, así como tampoco, el entorno que los rodea.

    ¡A quererse…!

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    ¡Rompiendo paradigmas!

    Hace aproximadamente una década, utilizar las redes sociales era una locura. Algo totalmente negativo.

    Hoy en día, aunque sigan representando un arma de doble filo, no podemos vivir sin ellas. Incluso, se han convertido en una vía que impulsa la viralización y, debido a eso, es mucho más factible internacionalizarnos.

    Pero hay un punto muy importante que hoy quiero tocar… Y es que, a través de dichas redes, las mujeres hemos logrado romper ese paradigma que establece que la cirugía plástica es sinónimo de vanidad; hablando desde mi caso, que soy cirujana plástica.

    Ahora, en la actualidad, afortunadamente, ese pensamiento ya no tiene validez, ya que hemos comenzado a ver la cirugía plástica como una herramienta que nos apoya más en el ser que en el estar. Y no sólo eso, también es una forma de ayudarnos a sanar desde el amor propio y la aceptación.

    Entonces, esa parte sensible, esa parte de “game changer” (“Cambiar el juego”), creo que tiene mucho que ver con la mujer…

    No obstante, es importante mencionar que está en nosotros mismos utilizar las redes de forma correcta, adecuada y prudente, dándole paso a la autenticidad, al amor propio y a la realidad de nuestro día a día, y dejando a un lado las vanidades y la esclavitud de la que muchas veces somos objetos.

    Pero… ¿Por qué somos esclavos?

    Porque, durante los últimos tiempos, muchas son las personas que sienten la necesidad de complacer al resto del mundo mediante cualquier cantidad de publicaciones en sus cuentas de redes.

    Pero ese, en realidad, es otro tema…

    Yo lo único que quiero resaltar en mi blog de hoy, es lo positivo de ellas, y afirmar que, sabiendo utilizarlas, podemos romper patrones y hasta mejorar lo que consideremos esté caminando mal…

    Un ejemplo de ello, lo ocurrido con el concepto que se manejaba hasta hace poco tiempo sobre la cirugía plástica, como lo mencioné anteriormente…

    ¡Haz uso consciente!

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    ¿Qué es lo que yo realmente vendo?

    Por ser cirujana plástica, puede que la primera impresión que te lleves de mí o la primera idea que pase por tu mente al enterarte de cuál es mi ocupación, sea que yo vendo transformaciones a través de un bisturí…

    ¡Y capaz tienes razón! Pero esas transformaciones de las que te hablo, son las mismas que hacen que yo venda otros aspectos importantes en la vida que no son tangibles.

    Aspectos más allá de los físicos que hacen que una persona se acepte a sí misma sin remordimientos, sin traumas, sin culpas y sin pesares.

    Dicho esto, ¿sabes qué es lo que realmente vendo?

    Autoestima

    Para que siempre tengas un buen concepto de ti mismo(a).

    Amor propio

    Para que, pase lo que pase, te ames de manera infinita y siempre seas tú tu prioridad.

    Belleza

    Para que sientas que los sueños de cambios (en este caso, físicos), definitivamente pueden hacerse realidad. Pero no porque la sociedad te lo exija o por simple vanidad, sino para que recobres la seguridad que en algún momento perdiste.

    Confort

    Porque mi único objetivo es hacerte sentir una persona cómoda, valorada y respetada.

    Fortaleza

    Porque los resultados te hacen un ser humano más conforme contigo mismo(a), y por ende, más fuerte.

    Tumbao’

    Porque ¿quién no va a voltear a mirarte cuando vayas por la calle…? Como decía Celia: “¡La negra tiene tumbao’!”

    Femineidad

    Porque además de sentirnos hermosas y valiosas, ¡lo más importante es sentirnos mujeres!

    Por esto y por muchísimo más, ¡me encanta lo que hago!

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    No confundas “amor propio” con “vanidad”

    Como todos lo saben, desde hace un tiempo yo me declaré defensora y fiel practicante del amor propio. Y me gusta que, así como yo, todas las mujeres del mundo lo consideren un estilo de vida y lo hagan parte del día a día.

    También los hombres, ¿por qué no?

    Sin embargo, debemos tener el cuidado de no confundir “amor propio” con “vanidad”. De hecho, comenté un punto bastante similar hace poco en uno de mis blogs anteriores… Amor propio no significa sentirnos más que los demás, así como tampoco nos da el derecho de pisotear a nadie.

    Ahora, ¿qué es la vanidad?

    El orgullo y la satisfacción excesiva que sentimos por nuestros propios méritos y la necesidad exagerada de recibir créditos y reconocimientos a diario por parte de nuestro entorno, es lo que nos convierte en personas vanidosas.

    Es decir, no es meramente un amor propio que nos permite querernos y aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos, sean pocos o sean miles…. Sino, cuestión de “yoísmo”, del cual también ya te he hablado.

    Entonces, importante es tener en cuenta que no es lo mismo vivir en armonía con nosotros mismos, con lo que tenemos y con lo que logramos, que ser esclavos de nuestro ego y creer que somos dueños del mundo, o bien, que la Tierra gira alrededor de nosotros.

    ¡He allí la diferencia!

    Así que ¡cuidado con confusiones!

    Amémonos, pero no nos convirtamos en seres egoístas…

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    Los cuatro asesinos del amor propio

    Quizás tú dirás “ya viene la doctora Tania otra vez a hablar del amor propio“. Sí, sí vengo. Y lo seguiré haciendo por el resto de mi vida. Porque es justamente el amor propio el tema de mi carta de presentación, el himno que entono a diario, y pues, por eso es que hoy te hablaré acerca de los cuatro asesinos que lo destruyen… Para que te cuides de ellos y no les des entrada en tu vida.

    Ahora, como decía Chaplin… “El amor propio está compuesto por descubrimientos”. ¡Y es así!, pues muchas veces no sabemos cómo comenzar a amarnos a nosotros mismos hasta que no hemos recibido, por ejemplo, una profunda herida (emocionalmente hablando).

    Y, previo a eso, lo habitual es que te autosabotees y maltrates tu “yo” interior, dándole la “bienvenida” a tu rutina a los cuatro asesinos del amor propios. Esos hábitos que merman cualquier capacidad que puedas tener para quererte y darte valor.

    ¿Cuáles son esos cuatro asesinos?

    Darle importancia al “¿qué dirán?”

    Lo que piensen los demás de ti, es su problema, no el tuyo. Ya te lo he dicho… Sin embargo, las personas caen en el error de mirar hacia la dirección que les indican los demás.

    Por tal razón, procura conectar con las percepciones que tengas y dale valor, primero que nada, a lo que tú pienses.

    Victimizarte

    Cuando atraviesas por situaciones difíciles, tiendes a sentir lástima de ti mismo. Esto hace que te resignes y que pienses que no puedes hacer nada para reparar lo sucedido.

    Por el contrario, si dejas de lamentarte y comienzas a buscar soluciones, cabe la posibilidad de que encuentres una oportunidad de hacerle frente a lo que se avecina.

    Exigirte mucho más de la cuenta

    Cuando te quieres muy poco, sueles ver la vida a través de las lupas de los modelos ideales. Por lo cual, si no eres el más guapo, la más delgada y el más exitoso, entonces siempre creerás que eres un(a) fracasado(a). 

    Descalificarte

    Hablarte mal a ti mismo es otra forma contundente de autodestruirte. Por ello, lo aconsejable es perdonarte a ti mismo y aceptarte tal y como eres.

    ¡No te quedes atrapado(a)! Permítete mirar tu reflejo de otra manera y avanza.

    Recuerda… Hay un amor que es para toda la vida: ¡El que te tienes!

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    La importancia de una buena autoestima

    Antes de entrar en materia real, quisiera aclarar un punto que considero importante en relación a lo que es una buena autoestima como tal. Así que les explico…

    Tener una buena autoestima no significa, en lo absoluto, creernos o sentirnos mejores o superiores a los demás. ¡Mucho cuidado con eso!

    Y hago hincapié porque son muchas las personas que tienden a confundir términos y a mezclar significados entre una buena autoestima y egocentrismo, yoísmo, o como quieran llamarlo.

    Y créanme, no es lo mismo, ni es igual… ¡Como dice Juan Luis Guerra!

    Dicho esto, puedo comenzar definiendo la autoestima como el hecho de reconocer y apreciar nuestras virtudes y cualidades y de amarnos tal y como somos.

    Entonces, sea cual sea el ámbito en el que te desenvuelvas, es vital tener una buena autoestima, pues esta contribuye en gran forma a tu bienestar tanto psicológico como físico.

    Por ello, ¡debemos estar siempre atentos ante las señales negativas! Pero como aquí no queremos hablar de cosas malas, sino todo lo contrario, quiero mencionarles cinco razones por las que debemos trabajar en alcanzar una buena autoestima:

    Permite tener más estabilidad emocional

    Al tener una buena opinión de nuestra persona, no necesitaremos la aprobación de los demás, así que evitaremos que ronden por nuestra cabeza pensamientos absorbentes de energía como “¿qué pensará la gente de mí?”.

    Obtendremos mayores logros

    Gracias a una autoestima elevada, nuestras metas serán también más exigentes. Por tal motivo, tendremos objetivos más difíciles, pues sabemos que tenemos la capacidad suficiente para alcanzarlos.

    Seremos más atractivos(as)

    La frase “todo es cuestión de actitud” es muy cierta, ya que lo que reflejemos ante el mundo, hará que los demás también lo vean en nosotros.

    En otras palabras, una buena autoestima hará que los que nos rodean, sientan una gran experiencia al compartir con nosotros y, por ende, podremos aportar más a sus vidas.

    Seremos felices

    La autoestima es una de las bases de la felicidad, pues si no nos sentimos bien con nosotros mismos, nuestra felicidad nunca estará completa. ¡Se los aseguro!

    Cosecharemos mejores relaciones personales

    Parece mentira, pero las energías se contagian. Y más, si son buenas. Por ello, nuestra actitud positiva potenciará a los que nos rodean y, partiendo de allí, lograremos cosechar mejores relaciones personales (amor, amistad, familia, etc.).

    ¡Comienza por ti, comienza a quererte!

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    ¿Qué es el amor propio?

    En dos de mis publicaciones anteriores, logré hacer cierto énfasis en el amor propio. Esto, escribiendo sobre temas relacionados como “Transición desde el amor propio” y “¿Cómo cosechar el amor propio?”.

    No obstante, una definición como tal no la había podido desarrollar hasta ahorita. Así que creo que este es el momento perfecto…

    El amor propio hace referencia a la aceptación, el respeto, el valor, los pensamientos positivos y las consideraciones que tenemos y sentimos hacia nuestro ser, pero que también puede ser percibido por el entorno.

    Este, a su vez, no depende de aquellas personas que están a nuestro alrededor, ni tampoco de las situaciones que estemos experimentando.

    Sólo depende de nuestra voluntad para querernos.

    Ahora bien…

    ¿Qué mostramos a través del amor propio?

    ¡La respuesta es muy simple! Mostramos la relación que tenemos (con) y los sentimientos que se ponen de manifiesto (hacia) nosotros mismos, nuestra personalidad, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestras actitudes.

    Dicho de otro modo, cuando sentimos amor propio, es porque ya hemos alcanzado un equilibrio entre nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima.

    Ese equilibrio, por supuesto, es proyectado al mundo exterior como una sensación de bienestar y plenitud expresada de varias formas.

    Incluso, en línea general, se dice que antes de amar a otra persona, primero debemos amarnos a nosotros mismos.

    Pero, ¿por qué razón?

    Para aprender a valorarnos, a reconocer que somos merecedores de cosas buenas en el transcurso de la vida y que sí es posible amar y que seamos amados.

    La felicidad es el objetivo principal del amor propio; es decir, debemos ser felices aceptándonos como somos, sin dejar que terceros y situaciones externas intervengan.

    Las personas que sienten un verdadero amor propio, generalmente son amigables, respetuosas, amorosas, independientes, velan por su crecimiento personal y por su salud física, mental y emocional.

    También por su formación y por dar lo mejor de sí en todas las actividades que lleven a cabo…

    ¡Ese es el amor propio!