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    De Muñecas A Diosas

    Por años me he referido a mis clientas y a mis pacientes en un término de transformación con palabras como muñeca, barbie, doll; partiendo que desde niñas a todas nos gusta o nos ha gustado jugar con muñecas, siendo desde temprana edad nuestro ideal de belleza.

    Hoy en un salto cualitativo de conciencia, entendiendo la profundidad de la transformación que hacemos con nuestro trabajo, que no solo se trata de la estética, sino también de actitud, de estilo de vida y sobre todo de filosofía de vida, buscando incrementar el umbral de merecimiento para la mujer desde el amor propio.

    Sin embargo, desde esa misma conciencia he entendido que las palabras que mejor nos define como mujer, no son ni muñeca, ni barbie, sino “Diosa”, porque dentro de cada mujer más allá de la estética de su cuerpo, está la esencia de una diosa, una diosa de la sabiduría, una diosa de las artes, de la ciencia, del deporte, una diosa de la maternidad, generosa, amorosa y por mucha poderosa.

    Inspiración y musa


    Ahora mismo, debemos convertirnos en fuentes de inspiración y musa, para cualquiera que conozca nuestra historia después y el proceso psicológico que la acompaña. De todo lo que nos ha llevado a convertirnos en verdaderas diosas, porque elevamos nuestro amor propio, e hicimos brillar aún más desde nuestra divinidad, desde su lado más sagrado.

    He entendido que dentro de cada una de ellas está la perfección imperfecta de la creación como seres humanos, que además somos perfectos de acuerdo a como funcionamos y en la coherencia de nuestros sistemas múltiples de inteligencias, otorgándole así un sentido único a cada una de ellas, para sobresalir, para reconocerse y amarse, pero sobre todo para inspirar.

    Hoy quiero invitarte a descubrir a esa diosa, a amarla y valorarla por encima de cualquier complejo, inseguridad o estigma. Desde el amor propio, ¡todo es posible!

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    ¿Cómo cosechar el amor propio?

    Conocernos es un arma poderosa que nos hace avanzar y enfrentarnos a las limitaciones, miedos e inseguridades; es el acto de encontrarnos a nosotros mismos y vivirnos a profundidad.

    Cada vez es más frecuente escuchar, “para conquistar el mundo, debes conocerte primero”. Lo repetimos diariamente como una afirmación mágica, pero ¿qué es conocerte? ¿Por qué debo hacerlo? ¿sé realmente quién soy?

    Cuando no practicamos el autoconocimiento no evolucionamos, no podemos reconocer hábitos dañinos que afecten nuestras vidas. Perdemos el norte de nuestro camino, porque comenzamos a dar vueltas sobre entornos no deseados o peor aún, imitamos vidas y acciones que no forman parte de nuestro ser. Nos sentimos a la deriva y nada de lo que hagamos, será suficiente.

    Encuentra y acepta aquellos momentos de adversidad en los que te desafiaste a ti mismo. Lo verás extraño, pero realmente son estos los encuentros en donde mejor nos conocemos porque nos movemos al ritmo de nuestra intuición y de aquello que forma parte de nuestro ser.

    El paso para aceptarnos


    Después de conocerte, tras un proceso meditado y consciente, solo tienes dos opciones: aceptarte con tus virtudes y defectos, o rechazarte, haciéndole el juego a la infelicidad y el desamor. ¡Esa decisión depende de ti, es particular e intransferible!

    Si te pido en este momento que te mires en el espejo, ¿que ves? ¿Te sientes conforme? ¿Conectas con esa versión de ti? ¿Es suficiente? ¿Es poderosa?

    Comienza a trabajar en ti y por ti para que el mundo conozca esa versión única, hermosa e irrepetible que eres. Ámate como a nadie, quiérete bonito.

    Mi invitación es a que te aceptes, a que abraces tus imperfecciones y a que seas hoy, más que nunca, felizmente Imperfecto.

    La importancia de mimarte


    ¿Qué voy a hacer hoy por mí?  ¿Qué me merezco?  ¿Qué me regalo? ¿Cómo me mimo? Son preguntas que deberías hacerte cada mañana al despertarte, después de darle gracias a Dios por un día más de vida.

    Mimarse a sí mismo no es una manifestación de egoísmo ni de egolatría. ¡Nunca lo pienses! Más que otra cosa, consentirte, halagarte, mimarte, como quieras decirle, es una demostración de amor por ti, que fortalece tu bienestar mental, espiritual y físico.

    Te propongo a que, si aún no asumes la acción de mimarte como algo espontáneo y natural, comiences a cultivarla conscientemente, hasta que te crees el hábito.

    Lo importante es que complazcas, porque así alimentas tu amor propio y creas en ti todas las condiciones, para lograr tu belleza integral.  

    ¡No olvides hacer las paces contigo!


    Primero, abraza todos los defectos y perdona todas tus faltas. Entiende que este mundo se mueve de decisiones y que quizás alguna de ellas no sean las apropiadas, pero todas, tienen una lección que darnos en esta vida. Abraza las virtudes que te envuelven como ser y muévete desde ellas para mejorar y transcender.

    Haz un viaje hacia tu interior y sincérate con todo aquello que sabes forma parte de ti; identifica lo bueno y lo que puede mejorar.

    Deja que sólo se quede en tu vida para enseñarte aquello que harás mejor. Vive en el presente que es el realmente eterno, porque siempre es HOY.